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miércoles 25 de abril de 2012

El ADN de la felicidad

EL DGT, un metado cada vez más utilizado. / RS

La selección genética da a luz al segundo 'bebe medicamento' de España. Esta técnica obró el milagro por primera vez con dos hermanos en 2009, que hoy crecen llenos de vida

P. MANZANARES

Andrés y Javier Mariscal son dos niños muy especiales, tanto como la historia que protagonizaron. Andrés, que el próximo mes de marzo cumplirá 10 años, nació con una grave enfermedad genética y hereditaria conocida como beta-talasemia mayor o anemia de Cooley, que tiene graves repercusiones clínicas entre las que destaca una esperanza de vida muy corta en la que rara vez se puede pasar sin frecuentes transfusiones de sangre. Pero gracias al Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) y al posterior trasplante de células madre de su hermano Javier, que ahora tiene 3 años, hoy está curado y puede por fin vivir como un niño, que es lo que siempre había soñado.

Es el único caso en el mundo curado de este modo de la anemia de Cooley y el único que se conozca en España en el que el DGP-HLA ?como se llama al DGP realizado con fines terapéuticos para terceros? da sus frutos, algo que arroja luz sobre una solución esperanzadora, pero que es complicada y que no siempre llega a buen puerto.

A este caso hasta ahora único se le suma el esperanzador nacimiento a principios de este mes de febrero de Estrella, una niña que permitirá por medio de un trasplante de células ayudar a su hermano, Antonio, afectado de aplasia medular severa, una grave enfermedad hematológica que causa la desaparición de las células encargadas de la producción de sangre en la médula ósea.

¿En qué consiste el DGP?

Aunque los casos son pocos, es difícil hacerles comprender a los padres que no siempre se puede dar luz verde a un procedimiento como este del Diagnóstico Genético Preimplantacional, más aun cuando se producen este tipo de ?milagros? tan extraordinarios.

El Diagnóstico Genético Preimplantacional es una técnica de detección de anomalías genéticas previa a la transferencia del embrión al útero de la mujer. Se trata de una metodología que emplea técnicas de micromanipulación (biopsia) embrionaria junto a técnicas de genética molecular que permiten el diagnóstico de las citadas anomalías.

Para llevarlo a cabo es necesario un proceso de fecundación in vitro. En la mayoría de los casos, el DGP se lleva a cabo el tercer día de desarrollo, cuando los embriones están formados por entre 6 y 10 células (blastómeros). «En este momento se procede a la biopsia ?obtención de un blastómero? de cada embrión y se somete al análisis genético», explican los directores científicos de Reprogenetics, Carles Giménez y Mireia Sandalinas.

Este punto del proceso sigue siendo causa de estudio, ya que hay profesionales que aseguran que la viabilidad del embrión podría verse comprometida al quitarle esa célula (que son dos en el caso de los llamados ?bebés medicamento?) y otros que afirman que en el seguimiento de los casos que se ha venido haciendo se ha visto que estas biopsias no implican ningún problema de desarrollo posterior.

«El DGP no está exento de riesgos, pero los beneficios que supone los minimizan. Es posible que se dañe al embrión durante el proceso de biopsia. En manos expertas el riesgo es muy inferior al 0,05%. La biopsia de una célula disminuye ligeramente la capacidad de implantación del embrión, pero las ventajas que supone el diagnóstico genético compensa y rebasan esta disminución», explican desde los laboratorios de Reprogenetics.

Con todo, dentro de lo permitido por la Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción asistida, el DGP se puede aplicar cuando existan embriones afectados por determinadas anomalías cromosómicas o enfermedad genética (distrofias musculares, fibrosis quísticas, etc.)

Hasta diciembre de 2010, en España se había realizado DGP para 91 enfermedades monogénicas distintas (hay más de 6.000), que son aquellas producidas por la mutación o alteración en la secuencia de ADN de un solo gen.

En principio, el DGP para enfermedades monogénicas se puede llevar a cabo para cualquier enfermedad de la que haya un diagnóstico molecular. Es decir, que se conozca la mutación o anomalía genética que afecta al gen implicado en la enfermedad. «Para llevar a cabo un diagnóstico, es necesario saber qué vamos a diagnosticar», añaden desde Reprogenetics.

Ayudar a un tercero

En el caso de hacer un DGP para curar a un tercero la técnica cambia un poco, ya que hay que tener en cuenta los antígenos HLA -marcadores que se encuentran en la superficie de los glóbulos blancos que constituyen la estructura básica para el reconocimiento y rechazo de tejidos ajenos al cuerpo-.

Estos antígenos HLA dotan al sistema inmunitario de la capacidad de determinar qué pertenece al cuerpo y qué no. En el momento en que el sistema inmunitario no reconoce los antígenos en alguna célula, crea los anticuerpos necesarios para destruirla. Objeto de este sistema de detección y destrucción de cuerpos ajenos al organismo son por ejemplo las bacterias causantes de infecciones, los virus, las células tumorales y objetos extraños. De este modo, el sistema inmunitario defiende al cuerpo de todo lo que puede causarle daño.

Para que un transplante de células madre sea aceptado por el sistema inmunitario de la persona que lo recibe, estas células pueden o bien ser propias (en este caso habría una histocompatibilidad perfecta) o bien de un hermano con el que exista una compatibilidad suficiente que impida el rechazo.

Por lo tanto, el DGP para compatibilidad de HLA y enfermedad monogénica permite identificar, de entre todos los embriones obtenidos mediante fecundación in vitro de una pareja, cuáles están sanos o, mejor dicho, no afectados por la enfermedad contra la que se lucha porque no han heredado el gen mutado causante de la misma. De entre estos embriones sanos, se pasa posteriormente a identificar cuáles, además, han heredado un haplotipo HLA compatible con el niño/a afectado por la enfermedad.

Una vez identificados los embriones sanos y compatibles se transfieren a la madre. En caso de embarazo a término, será posible disponer de la sangre del cordón umbilical para poder llevar a cabo el transplante para salvar la vida al hermano que sufre la enfermedad.

Aprobación de casos

La Ley sobre técnicas de reproducción asistida establece tres condiciones para que un DGP se pueda hacer de manera genérica y sin necesidad de autorización caso por caso: la detección de enfermedades hereditarias graves, de aparición precoz y no susceptibles de tratamiento curativo posnatal con arreglo a los conocimientos científicos actuales.

Javier Rey, secretario de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida, explica que es cuando no se dan las condiciones previstas en la Ley o siempre en el caso del tratamiento para fines terapéuticos para terceros cuando la Comisión deberá emitir un informe: «Este tiene que ser solicitado por la comunidad autónoma en la que radique el centro donde se quiere llevar a cabo esa técnica. El informe solicitado será vinculante en sentido negativo, es decir, si la Comisión no considera adecuado hacer el DGP la comunidad autónoma en cuestión no podrá hacer un informe favorable. En cambio, si el informe fuera favorable, la comunidad sí podría rechazar después el procedimiento».

¿Cuándo puede ser un informe negativo? Uno de los factores se da en aquellos casos en los que se quiere obtener un bebé medicamento. «Lo que valora nuestra comisión no es solo la posibilidad de obtener ese niño, sino que tener un donante idéntico y libre de la enfermedad para hacer un trasplante de células de cordón umbilical al enfermo sea el mejor tratamiento posible para el caso concreto», matiza Rey.

Para ello, la Comisión recaba informes de expertos en el tema que les informan sobre la idoneidad de ese procedimiento para el tratamiento de la enfermedad en esa situación específica. Otros factores a tener en cuenta son las posibilidades reproductivas de la pareja o que haya habido precedentes de intentos similares previos realizados en el mundo.

También existen tratamientos para los que no se emite un informe negativo por no tener argumentos contrarios, pero que están condicionados. En este caso, se aconseja informar muy bien a la pareja solicitante sobre las posibilidades reales que ofrece el procedimiento, ya que no hay precedentes de eficacia. Hay que tener en cuenta que estas son técnicas experimentales y, como tales, no ofrecen unas probabilidades de éxito claras y razonables. Algo que es importante saber.

Desacuerdos

«No solo se trata de hacer una biopsia embrionaria y un DGP, sino de ver la adecuación de ese procedimiento para tratar un tema concreto. La Ley busca evitar que este tipo de técnicas se utilicen para cosas que no son problemas médicos severos», explica Rey, que también apunta al problema existente con todos aquellos embriones que hay que fabricar y que luego se deshechan (el mismo problema que con los crioconservados derivados de procesos de FIV).

Dentro del Diagnóstico Genético Preimplantacional se incluye una técnica conocida como Screening de Aneuploidías, que no convence a todos los profesionales porque su eficacia no está demostrada. Esa técnica no detecta enfermedades genéticas, sino alteraciones cromosómicas numéricas (aneuploidías). Así en parejas de edad materna avanzada, que tienen abortos de repetición, que sufren fallos de implantación, etcétera, esta técnica se presenta como una posible solución para ser padres al identificar los embriones normales para su posterior transferencia al útero. El problema radica en la dificultad de consiguer embriones que se comprueben que son saludables.

Como apunta Javier Rey: «A la hora de valorar el Diagnóstico Genetico Preimplantacional, esta técnica se incluye dentro de la misma bolsa cuando su valor científico técnico es muy inferior al tratarse de situaciones inespecíficas no determinadas por un gen concreto. En la literatura científica lo que se puede contrastar es que esto no contribuye a solucionar los supuestos problemas mencionados, no tiene una traducción inmediata a la resolución de ese problema de fertilidad». Sin embargo, la mayoría de los DGP que se realizan en España son los relacionados con el Screening Preimplantacional. De hecho, hasta el año 2007 estos casos fueron el 75% del total.

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