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miércoles 25 de abril de 2012

La convivencia y la agenda laboral amenazan el deseo en la pareja si no se manejan habilidades contra la rutina

MARÍA PÉREZ CONCHILLO

¿Mata la convivencia la pasión? Algunas parejas se quejan de que su vida sexual ha cambiado mucho con la convivencia, de que la ilusión por el encuentro se ha transformado en una rutina que no apetece. Otras, sin embargo, consiguen mantener viva la llama del deseo, incluso viven las etapas de la madurez como una segunda luna de miel. Aprovechan que los hijos se van de casa o han crecido y tienen menos dependencia parental para disfrutar de su intimidad. Quieren a sus hijos, pero agradecen tener más tiempo para disfrutar como amantes; rol que en otras etapas de la vida estaba supeditado a las exigencias de la crianza. Estos últimos, han sabido introducir la sorpresa en sus vidas para no caer en la desgana.

Si algo caracteriza a la conducta sexual humana es que presenta gran variabilidad en todas las etapas del desarrollo. Existe una gran versatilidad entre personas de la misma edad: hay mujeres que han dejado la menopausia atrás y que confiesan que están disfrutando más del sexo que en la juventud. Por otro lado, hay hombres que encuentran en la madurez la serenidad y la confianza que les permite disfrutar de un encuentro sin angustias. Por eso la edad no es un factor determinante para hablar de parejas sexualmente aburridas.

No obstante, nos vamos a centrar en la disminución del interés sexual que presentan muchas parejas estables. Pongamos que duermen bajo el mismo techo durante más de dos años; periodo suficiente para que la rutina se haya instalado en la relación.

La ecuación del deseo

Esta última es inversamente proporcional a los niveles de deseo. A más rutina menos deseo: esa es la ecuación. Ya se sabe que el deseo es la clave en el intrincado mundo del sexo, es la llama de la pasión. Si no hay deseo, si no se tienen ganas, vamos mal, por lo que tenemos que empezar por despertar el interés sexual. Eso sí, hay que saber desarrollar bien esta habilidad.

Algunas parejas esperan a estar en la cama para iniciar el contacto íntimo, a veces sin haberse mirado durante todo el día. Mientras, otras aprovechan cualquier ocasión para lanzarse miradas de deseo, tocarse con intención y besarse. Es decir, que van añadiendo leña a la hoguera que después prenderán en la intimidad del dormitorio. Se puede decir que llegan con los deberes hechos. Y así sí funciona.

Las apretadas agendas son otro gran enemigo de la vida sexual. Entre las agotadoras jornadas laborales y la atención a las tareas domésticas, poco tiempo y energía quedan para disfrutar de los placeres. Si a eso le añadimos la certeza de que la pareja siempre estará disponible, y que por lo tanto, si no es hoy será mañana, entendemos que las condiciones no son las más favorables y los encuentros se posponen. Y el dicho es cierto: cuanto menos se hace, peor. Así se puede entrar en una rutina de sexo excluyente. Por eso hay que sumar el sexo a la agenda: las parejas tienen que tener sus tiempos y no vale aquello de «no es romántico planificar, hay que esperar a que surja».

La complicidad para mantener el ritmo sexual es un ingrediente fundamental en las parejas felices; esas que viven el paso del tiempo y sacan lo mejor el uno del otro. Cuando uno baja el ritmo, consigue que el otro tome el relevo. En la relación de pareja hay que saber ser locomotora y vagón: a veces toca tirar del carro y otras dejarse llevar cómodamente.

Para avivar la pasión

Enviar y recibir señales es también importante: la seducción o el coqueteo son fundamentales en la vida de pareja y se deben ir cultivando y renovando en el tiempo.

En terapia sexual trabajamos con las parejas para desarrollar estas habilidades. Las nuevas tecnologías tienen su aplicación en el universo de la seducción. Hay parejas muy aficionadas a enviarse mensajes subidos de tono. En estos casos hay que tener cuidado. Hemos conocido algún caso de situaciones embarazosas al enviar por error el mensaje a la persona errónea. Otro tema sobre el que hay que extremar las precauciones son las fotografías y grabaciones eróticas. Recordad lo que le pasó a Jennifer López, que vio cómo su ex marido difundía sus videos privados. Ciertamente, esas imágenes pueden resultar excitantes, pero ya sabemos de más de un disgusto cuando la relación se ha roto y se ha perdido el control sobre ese material.

Por ello no está de más recordar que se pueden hacer muchas otras cosas para mejorar la vida sexual. El abanico es amplio y hay que saber escoger las que son compatibles con su estilo de pareja. El recurrido recurso de las flores, aunque no lo parezca, sigue funcionando para muchas personas. Es sencillo y eficaz. También los viajes y las escapadas pueden resultar estupendos. Si el presupuesto no alcanza, un paseo romántico o visitar alguna exposición pueden ser suficiente para tener momentos de disfrute en común. Lo que importa no es el hecho, es el mensaje: me he acordado de ti y me importas.

Por último, probar nuevas prácticas sexuales o dedicar más tiempo a caricias y masajes sensuales siempre es una buena opción. Pero el consejo más relevante es el más sencillo de todos: las parejas deben atreverse a dejar volar la imaginación y ocuparse del presente para no tener que lamentarse 20 años después.

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